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De las palabras y la comunicación
 Ficha técnica
Autor: Esteban Manchado Velázquez
Fecha: Alrededor de 1998
Tema: Política/Lingüística

Hace relativamente poco tiempo comencé a dar forma a una idea que seguramente tenía latente. Trataba sobre el uso de las palabras, y la conexión que tiene con la cultura y la inteligencia de las personas, entendida ésta última como la visión del mundo y su capacidad de compresión de lo que sucede a su alrededor.

Casi todo el mundo sabe que se habla mal. Pero seguramente pocos saben lo mal que se habla. Y no dudo que el problema no sea exclusivo del español, por supuesto. Este problema del que hablo no es (a mi entender) algo meramente lingüístico que sólo incumba a estudiosos de nuestra bella lengua. Es algo que debería preocuparnos a todos. Estoy hablando de manipulación.

Quizás la palabra suene exagerada: «manipulación». Pero lo he pensado, y creo que vale la pena al menos dedicarle algo de tiempo a darle vueltas. Mi preocupación no es que esté en alza el uso de lo laísmos («la pegué una patada») o que cada vez más haya más «dequeístas» («de tal manera de que...», «pienso de que...»). Evidentemente no me gusta, y se me antoja desagradable al oído, pero dudo que tenga una importancia trascendental. Lo que realmente me preocupa es el uso indebido («vago», «intuitivo») de las palabras, que estoy seguro que yo también hago de vez en cuando sin saberlo.

Con frecuencia la gente utiliza las palabras de forma «intuitiva» y vaga, sin conocer realmente su significado. Esto, en mi opinión, lleva a las personas a convertirse en seres fácilmente manipulables, y de ahí la palabra. Por ejemplo, tenemos «solidario». Veo en el diccionario que significa (realmente no es tan importante para comprender mi posición) «adherido o asociado a la causa, empresa y opinión de otro». Aunque yo tampoco estaba seguro de su significado exacto, lo que me parece «peligroso» es que se utilice como sinónimo de «buena persona». Es decir, me inquieta que estemos simplificando la realidad.

En la televisión nos bombardean con la asociación «solidario» -> «niños del tercer mundo, hambre». Y probablemente a estas alturas ya hay gente que fuera de ese contexto clame que el uso es incorrecto. Creemos antes a la televisión que a las personas «independientes». Evidentemente las personas pueden equivocarse, pero creo que estamos dejando que la televisión nos enseñe a hablar.

¿Alguien recuerda la «Neolengua» de 1984? Era una lengua inventada por El Partido que cada vez contenía menos palabras. Contrataban a expertos en comunicación para quitarlas, de tal forma que el lenguaje fuera más simple a medida que «trabajaban» en él. El objetivo era, dado que los pensamientos de las personas se «construyen» a través del lenguaje (se costruyen a partir de lo que sabemos, y lo que sabemos lo aprendemos mayormente a través del lenguaje hablado y escrito, esto último cada vez menos), que los pensamientos posibles cada vez fueran más difusos, más simples. Que se tendiera a no pensar, o al menos que fuera más difícil hacerlo, esto es, que menos personas se tomaran la molestia de luchar contra la vagueza intelectual.

Y creo que es a esto a lo que tendemos. A identificar la mayoría de las palabras con ideas primitivas como «bueno» y «malo», a no permitir a nadie expresarse con libertad y precisión. Y no porque la persona no pueda utilizar las palabras correctamente, sino porque nadie le entendería, con lo que el mero intento de expresión no sería suficiente.

Quizás haya personas que piensen que quitadas las palabras, todavía nos queda el arte. La música, la pintura... pero, ¿es realista pensar que tendemos a la comunicación mediante el arte? Creo que no. Yo diría que cada vez más el arte es negocio, y que la gente se lo toma más como un entretenimiento o una diversión, y menos como disfrute y comunicación. Tenemos ejemplos claros, diariamente, en la música y el cine. Cada vez que alguien hace algo distinto, lo tachan de «música rara» (por ejemplo), o dicen «este tío está loco», palabras («raro» y «loco») que relacionan inevitablemente con «malo», lo que les hace despreciar e ignorar no sólo a los artistas, sino a los que siguen (e intentan comprender) a los artistas.

Y esta asociación de la que hablo no solamente tiene la faceta de simplificar el pensamiento. El aspecto manipulador que creo que tiene consiste en, una vez hecha la asociación de ideas entre la palabra a evitar y la idea de «malo» (o al revés), podemos llamar a cualquier cosa remotamente relacionada de la misma manera. Nadie caerá en la cuenta, porque pensará en la palabra difusamente (ligándolo con «malo» o «bueno», según), y se podrá hacer que la gente acepte esa nueva palabra como algo «bueno» o «malo» casi automáticamente. Da igual lo que signifique la nueva palabra, simplemente será «bueno» o «malo».

Este pensamiento tiene cierta base científica (y bastante empírica): una vez leí que la mente humana trabaja con asociaciones. Recordar datos aislados es tremendamente difícil, pero recordar relaciones entre ideas es simplemente natural. Así, nuestras ideas, pensamientos, recuerdos, son con frecuencia relaciones, o al menos están basados en éstas. Por ello es más fácil «hacernos tragar algo» relacionándolo con otra idea que ya tengamos que «partiendo desde cero».


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